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Miguel Tavera Luna

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Una mente brillante… concibió, gestó y dio vida al Contrato de Previsión Exequial en Colombia.

Por Fernando Arango Madrid

 

Era evidente la emoción que le embargaba, sus ojos azules  a la sombra de una boina, quizá brillaban más que nunca, recibir una placa donde su misma figura y expresión se refleja como el más nítido espejo; el abrazo del vecino, amigo, colega y quizá alumno en las tareas funerarias y empresariales, hacían de éste, un momento más que especial.

Una figura corporal desconocida para muchos, un ser humano dueño de un nombre y protagonismo del que todos los funerarios en Colombia se vienen beneficiando desde mediados de los 60’s; un legado que no puede negar el paso del tiempo pero que logró heredar en dos y tres generaciones. Hablar de Miguel Tavera Luna es hacer remembranza de la historia funeraria de todo un país.

Lo que hoy pueda decir en estas líneas es poco para hacerle un reconocimiento, fui testigo, junto a otros funerarios antioqueños de la época como Don Jesús Oquendo de Funeraria Medellín, quien falleció hace pocos días con 98 años, Ramón Bernal (q.e.p.d) de la Funeraria Moderna, Antonio Flórez de Funeraria Metropolitana, también fallecido,  Carlos Bermúdez y Tomás Bernal ya retirados de la actividad funeraria y José María Gómez, aún vigente; de su habilidad comercial, de su inteligencia, de su visión de empresa. Pero más allá, doy fe del ser humano; me consta que fue y ha sido soporte de sus hermanos, padre comprometido, amigo y colega. Hombre de virtudes, más aún por las lealtades que profesa en todos los aspectos de su vida.

Quiero resaltar su protagonismo en especial desde el punto de vista comercial y como el papá de lo que hoy, 40 años después,  existe en toda la geografía nacional  que es sin igual a ninguna otra nación latinoamericana; soy testigo de cómo en su mente y en su acción nacieron los contratos de prestación de servicios funerarios (PREVISION), distinto al intento que hicieron en 1959 la Funeraria Medellín y la Funeraria Metropolitana de vender “prepago de funeraria”.

Miguel Tavera es un “contador juramentado” de otrora que a finales de la década del 50 y principios de los 60 estuvo vinculado con la Cooperativa Fraternidad logrando su transformación y más que ello su especialización en servicios exequiales para los afiliados. Las mutuales de aquella época eran instituciones de ayuda mutua para satisfacer varias necesidades, se regían bajo la legislación de las cooperativas y contemplaban dentro de sus servicios o “ayudas” un auxilio para exequias, pues todas se habían especializado y convertido en Sociedades Enterradoras. Miguel, en su habilidad comercial tomó el modelo de cooperativa –que funcionaba como proveedora de mercados- y la enfocó exclusivamente como prestadora de servicios funerarios, quizá se pueda hablar de Cooperativas Enterradoras.

Con el paso del tiempo estableció su propia empresa y abrió las puertas de Funeraria Nazareno que como estructura contaba con taller para construcción de cofres fúnebres. Él mismo era el mercaderista y vendedor –sin departamento de ventas-, su energía fue total en función de cautivar clientes con la filosofía mutualista, y al estilo del mejor marketing de hoy, sabía utilizar los mensajes subliminales y ambivalentes, el nombre de Funeraria Nazareno estaba acompañado del slogan “Sí tenemos Sociedad” y  “Consulte nuestra póliza exequial”, con lo cual, estratégicamente, seducía a los usuarios de las mutuales;  les entregaba un carné y un contrato con un clausulado de prestación de servicios, muy similar al que hoy utilizamos en todo el país. Por aquella época, las mutuales solo daban a sus afiliados una libreta de apuntes con la relación de aportes que debían hacerse cada fin de semana, soportando largas filas.

Partiendo de la filosofía mutualista, entrega a sus afiliados un contrato muy parecido al del seguro exequial, documento estudiado por magistrados, superintendentes bancarios, eminentes profesionales del Derecho… todos coincidieron que era lo más parecido a un seguro pero NO ERA UN SEGURO, discusión que se ha mantenido hasta nuestros días con idéntica conclusión.

Fueron muchas las ocasiones en que fui testigo de su empirismo practico, escuchaba cómo le explicaba a la gente: “esto es como el chance, si usted se afilia y me paga una mínima cuota mensual por su grupo familiar y muere alguien de su grupo familiar inscrito, la empresa pierde, usted gana”, refiriéndose a los puntos de vista económicos del servicio exequial, “y viceversa, si no muere alguien yo gano”. Era muy pragmático y con expresiones sencillas seducía a las personas que conocían algo en las mutuales con el solo hecho de poner a disposición una funeraria con toda su estructura y el beneficio de todos los servicios.

Como buen publicista y mercadólogo nato,  en su empresa fijaba avisos como “afíliese sin exámenes médicos, sin asistencia a reuniones, sin asistencia a entierros, sin aportes extras (por aumento de mortalidad), sin largas filas de pago, con asistencia permanente 24 horas, expedición del contrato, carnetización”, además hacía referencia a la cobertura total del servicio por ser una de las debilidades de las mutuales. Los avisos eran complementados con motivaciones adicionales como “expedición del contrato inmediato, sin la presentación de su grupo familiar, amplio límite de edad, sin cuotas de inscripción”. Sus fortalezas fueron todas las debilidades y carencias de las mutuales de la ciudad de Medellín, que en esa época contaba con el 80%  de todas las mutuales de Colombia.

Con esta filosofía y el estatus que le daba representar una nueva alternativa, parecida a la del seguro exequial, fundó además de la Funeraria Nazareno en la que empezó en 1966 la venta de previsión exequial, otras empresas funerarias. En  1970  con su sobrino Isaías, fundó la funeraria que lleva su apellido, la Tavera, donde vendió previsión exequial;  igualmente con la previsión exequial fundó con su hermano José la funeraria que lleva su nombre,  la San Miguel. Del mismo modo oxigenó y moralizó otras empresas  como Funeraria Los Olivos con su pariente Gustavo Tavera en 1974.  Con su sobrino Alirio Tavera fundó una de las más importantes en Colombia, Funeraria la Esperanza, que desde su primer día vende previsión exequial. Razones suficientes para sentir que estamos hablando de profesionalismo, inherente a su  corazón, evidenciándolo en la actitud que tuvo hacia sí mismo, al trabajo con su familia, sus generes y congéneres.

Con un modelo de contrato establecido y un camino que se abría en el mercado, gracias a Miguel Tavera, en 1976 Funeraria La Piedad (Preveer)  y luego la Funeraria Medellín, masifican los contratos de  prepago funerario (pre necesidad) y en los comienzos del 80 por iniciativa de la Funeraria Medellín y gracias a la cultura que venía afianzándose en el tema de prepago, se continua la masificación empresarial pero como PREVISION EXEQUIAL, tarea que continúo Sercofun Ltda de Cali –Los Olivos-quienes venían trabajando únicamente  programas para los Fondos de Empleados y Sindicatos. De allí en adelante, en la línea del tiempo, todas las empresas funerarias que venden previsión exequial copiamos el modelo Tavera Luna.

Tengo para compartirles –escaneado de su original escrito a máquina- lo que se constituyó en la primera defensa de la previsión exequial ante la Superintendencia Bancaria, en octubre de 1986.

Sus años han pasado como nos pasa a todos los mortales, pero la luz, en ingenio y la inteligencia que se plasman en desarrollo de un sector, de una comunidad…. En la transformación social, en la lectura de contextos que en sus tiempos mozos le permitió “pegarse” de los vacíos en la atención al usuario y el trillado “servicio al cliente”, convierten a Miguel Tavera Luna (q.e.p.d) en un personaje que merece todo el reconocimiento.


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Personajes

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