banner
banner

LUX PERPETUA

 Por. Alejandra Ospina Urrego

 
descarga

 

“De estas calles que ahondan el poniente
una habrá (no se cual) que he recorrido
ya por última vez indiferente
y sin adivinarlo, sometido
A quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida
Si para todo hay término y hay tasa
y última vez, y nunca más, y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?
[…]”
Límites. Jorge Luis Borges. (1960)

 

Introducción

La mayor certeza del hombreAún, su mayor incertidumbre. Si con un ejemplo se pudiera definir la universalidad, sería con la muerte: “Que comprende o es común a todos en su especie, sin excepción de ninguno” (Diccionario de la Real Academia Española, 2001)

La muerte: circunstancia entonces universal en la entereza de la palabra, es condena inquebrantable para todos los seres vivos. Que suscita en el ser humano el más amplio rango de emociones y reacciones, no obstante, atravesadas todas ellas por ideas más o menos comunes, más o menos relacionadas.

El fin de la vida propia, y más aún, de la vida de un ser querido, constituye un hito catastrófico en el tiempo de un individuo y de la comunidad que lo rodea. No solo produce un profundo dolor por la pérdida irreparable, a ello se suma que la muerte es objeto de miedo y reticencia, ya que el ser humano tiene la tendencia de temer aquello que desconoce, o que no logra comprender.

De todo esto se obtiene, que el hombre tiene la necesidad de ritualizar la muerte, tanto como una forma de afrontar mediante ceremonias y simbolismos aquello a lo que le teme, como una manera de apaciguar el dolor de la pérdida, e iniciar el proceso de duelo ante la misma. Así se va configurando el ritual funerario, tan común como variado, tan necesario para la especie humana.

Un ritual de paso, que deja de ser meramente una manera de disponer de los cuerpos inertes, para llegar a ser todo un evento social, que no solo consta de preparaciones y normas, sino que cada vez con más regularidad, va contando con profesionales que se encargan – como para cualquier otro evento – de especializarse en la labor de hacer las preparaciones y disposiciones convenientes.

Así pues, podrá observarse cómo, el ritual funerario se va transformando en un servicio, como una manera de atender una necesidad humana. Dicho servicio, sumamente amplio y lleno de riquezas – y como cualquier otro servicio – es susceptible de recibir intervención por parte del campo del Diseño de Servicios, como una herramienta para acentuar sus objetivos y significados, resguardarlos como parte de la cultura, y optimizar y enriquecer la experiencia no solo para quien lo recibe, sino también para quien lo presta.

1 Diccionario de la Real Academia Española. (2001). Recuperado febrero 21, 2014, de

 

CAPÍTULO INTRODUCTORIO:

De dónde parte el ritual funerario

  1. La muerte

descarga (1)Teniendo en cuenta que el centro teórico del presente proyecto lo configuran, tanto el ritual como el servicio funerario, resulta de suma importancia, de manera previa y contextual, presentar una breve consideración acerca de la muerte, como el evento que precisamente desencadena toda aquella serie de conductas, reacciones y emociones que finalmente vienen a configurar dicho ritual y servicio. Se hace, no obstante, previa claridad de que este tema es suficientemente amplio como para acaparar trabajos de la misma extensión, sin que este sea el caso, pues como se dijo, el objetivo central lo constituye, sea dicho brevemente, el ritual, y no la muerte.

En primer lugar, podría tomarse en consideración la muerte como la cesación biológica de la vida, es decir, la terminación definitiva de las funciones vitales de la persona. Aunque este evento en todos los casos es determinante para la ejecución de los diferentes rituales, puede observarse que la muerte y las acciones relacionadas con ella, no se limitan a este evento.

Un ejemplo de ello, es la existencia de ritos mortuorios que son incluso previos a esta terminación biológica de la vida, como aquellos que tienen lugar en el lecho de muerte, verbigracia, la extremaunción. Como se podrá observar posteriormente, no es necesariamente este evento biológico el que marca el verdadero fin del sujeto, es decir, la muerte es un evento mucho más amplio y complejo que solamente dejar de vivir.

Precisamente, el ritual fúnebre se encarga de prolongar por algún tiempo la existencia de la persona, preparar la disposición final tanto del cuerpo como del alma y por tanto, dado que el ritual es un evento cultural, también lo es la concepción acerca del final de la existencia.

 “La muerte no se completa en un acto instantáneo”2.

En algunos casos, la muerte puede concluir con la disposición final del cuerpo físico, como por ejemplo, con la sepultura o la cremación. Sin embargo, en muchos otros, dicha conclusión viene a estar dada por la separación del cuerpo físico con el alma, o la entrada de dicha sustancia en el mundo de los muertos. Según cada cultura, estas concepciones de la muerte varían ampliamente en sus períodos y términos, por lo que de aquí podría llegar a concluirse, que la muerte es realmente una construcción particular de cada cultura. En otros casos, no obstante, la existencia no termina ni siquiera con la entrada del alma o espíritu en el mundo de los muertos. verdaderamente muere cuando no existe nadie que pueda recordarlo, lo que no sucedería después de varias generaciones de descendencia. Independientemente de todas las anteriores concepciones acerca de la muerte – y de todas aquellas que quedan sin mencionar –, es preciso retornar a los efectos sociales que produce la misma, con el fin de entender cómo es que, precisamente, dichos efectos han propiciado el desarrollo de los rituales fúnebres alrededor del mundo.

Para algunas culturas africanas, por ejemplo3, el finado 2 Hertz, R. (2004). A Contribution to the Study of Collective Representations of Death. In A. C. Robben, & A. C. Robben (Ed.), Death, mourning, and burial : a cross-cultural reader (pp. 202-210). Malden, MA, Estados Unidos: Blackwell Pub. 3 Setsiba, T. H. (s.f). MOURNING RITUALS AND PRACTICES IN CONTEMPORARY SOUTH AFRICAN TOWNSHIPS: A PHENOMENOLOGICAL STUDY. Zululandia, Sudáfrica:Universidad de Zululandia.

 1.1 Efectos de la muerte en la sociedad y el individuo

1.1.1 El hombre teme aquello que desconoce

En primer lugar, la raza humana a lo largo de su existencia, ha desconocido los efectos inmediatos de la muerte sobre el individuo fallecido, debido a que – por decirlo de alguna manera – aquel que se va no vuelve, y por tanto no ha existido manera constatable de documentar cuestionamientos como: en qué consiste tal proceso, si existe alguna otra dimensión vital tras producirse el cese biológico del cuerpo, o si sea posible que la existencia se prolongue de alguna forma tras dicha finalización de las funciones vitales. El ser humano tiene la tendencia a temer todo aquello que desconoce o que no logra comprender, y por lo tanto, se han desarrollado dos respuestas principales frente a este temor de la muerte desconocida.

La primera, y más importante en este contexto, es que a lo largo de los tiempos, las culturas han desarrollado diversas creencias que intentan dar respuesta a todos esos interrogantes, como una manera de acercarse a la verdad sobre la muerte, y afrontar así el miedo que se tiene de ese fin desconocido. Dichas creencias comprenden un abanico muy amplio de posibilidades, que van desde una existencia celestial pero paralela a la existencia terrenal, hasta la regeneración sucesiva en nuevas vidas o existencias terrenales. Creencias que, además con el paso de los tiempos, se van desarrollando, complejizando y variando. La segunda respuesta tiene que ver con una forma de combatir – si se quiere de manera un poco más hostil y drástica que la anterior – el fin de la existencia o la nada, mediante la creación de imágenes. La putrefacción del cuerpo, es decir, su descomposición, suscita la necesidad de recomposición mediante la imagen (Débray, 1994). La desaparición del cuerpo, a su vez, produce la necesidad no solo de extender la existencia, sino además de perpetuarla: es una afronta directa a esa muerte desconocida. De esta forma, se realizan retratos en mayor o menor medida verosímiles del difunto, con el fin de recrear su presencia y estabilizarla, perpetuarla y redefinirla, como una manera de darle un nuevo significado a la nada que representa la muerte para los vivos4.

1.1.2 Zoon politikon

En segundo lugar, el hombre es una unidad funcional dentro de una estructura social más amplia. Ello quiere decir, que la vida de un individuo no puede desarrollarse de manera plena sin su intervención dentro de la sociedad, y sin la intervención de otros individuos en su vida5. Esto conduce a afirmar que el ser humano depende de otros seres humanos para subsistir. En consecuencia, la pérdida de habilidad para interactuar y cumplir las funciones dentro de la estructura social, hacen que el individuo se convierta en una unidad obsoleta dentro de esa estructura, y se le considere una pérdida lamentable, ya que produce un quebrantamiento de mencionada estructura, que debe hacer grandes esfuerzos por reorganizarse.

4 Débray, R. (1994). Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica S.A.

1.1.3 Apego a seres cercanos

Según la teoría de John Bowlby (1980)6, el ser humano ha desarrollado el comportamiento de apego hacia otros seres humanos, conducta que no es exclusiva de la especie humana, sino que también se presenta en otras especies animales. Dicho comportamiento de apego se define como la propensión a formar lazos afectivos fuertes con otros seres particulares y el deseo de mantener proximidad e interacción. El comportamiento de apego se crea de manera inicial en las etapas más tempranas del desarrollo, como una manifestación del instinto de supervivencia hacia aquel o aquellos que pueden proporcionarle al entonces bebé, protección y seguridad.

Dicho comportamiento instintivo, según el autor, a lo largo del desarrollo del individuo va modificando sus objetivos, sin embargo de lo cual permanece presente durante todo el ciclo de vida, por lo que no solamente existe el apego emocional de los niños hacia sus padres, sino que también los adultos tienen la capacidad de desarrollar lazos de apego con otros adultos a lo largo de su vida.

Las emociones más fuertes propiciadas por dicho comportamiento afectivo, se producen durante las etapas de formación, mantenimiento, disrupción y la renovación de los lazos de apego, por lo cual es de esperarse que la pérdida irreparable de un ser hacia el que se ha desarrollado apego, tenga consecuencias emocionales de gran magnitud. Dichas consecuencias se manifiestan de maneras diversas, pero de manera principal, con el dolor:

“En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.” Montoya, 1998, Como se cita en (Montoya Carrasquilla, 2010)7.

5 Aristóteles, s.f. 6 Bowlby, J. Attachment and Loss. Volume III: Loss, Sadness and Depression (Vol. III). Nueva York, NY, Estados Unidos de América: Basic Books. 7 Montoya Carrasquilla, J. (2010). Generalidades del Duelo. Revista Remanso (10), 20-26.

  1. Necesidad de ritualizar la muerte

A partir de los tres fenómenos anteriormente mencionados, es posible explicar de qué manera estos se convierten tanto en causas como en objetivos de ritualización del evento de la muerte. De manera pues, que se observarán y explicarán de manera paralela con la sección precedente:

2.1 Ritualizar como forma de enfrentar el miedo a la muerte

El ser humano tiene la necesidad de responder, de una u otra forma, a los cuestionamientos que hasta el momento parecen indescifrables acerca de la muerte, ya que de no hacerlo, tendría que vivir con el temor y la duda latentes.

Como primera medida y según lo dicho con antelación, se desarrollan creencias acerca de vidas posteriores, celestiales o paralelas, como un medio para vivir la vida cotidiana sin el asedio del la idea de la muerte. Sin embargo, cuando esta se presenta, es necesario que dichas respuestas se hagan más evidentes, tangibles y alcanzables. Los simbolismos presentes en el ritual, son el puente entre lo conocido y lo desconocido8, y la tangibilización de las creencias mediante acciones, ceremonias y objetos, son lo que permite enfrentar y apaciguar ese miedo al fin.

2.2 Ritualizar como forma de redefinir el tejido social

Según las consideraciones de Hertz9, la manera mediante la cual la sociedad adquiere conciencia de sí misma, se da a partir de las manifestaciones materiales. En ese sentido, el hecho de llevar a cabo el ritual funerario, que implica actuaciones a nivel físico, y la presencia de objetos y otros estímulos sensoriales, permite la materialización de esa alteración que se ha producido en la realidad del tejido social, con el fin de facilitar el cambio de mentalidad hacia la comprensión del hecho de que dicho tejido ha sufrido una ruptura, que debe recomponerse. Dicho cambio en la mentalidad, tanto a nivel individual como colectivo, requiere cierto tiempo para consumarse, de lo que se deduce la prolongación temporal y diversidad de actividades contenidas en la elaboración del ritual.

2.3 Ritualizar como forma de apaciguar el dolor

Como se explicó en la sección precedente, la pérdida de un ser querido constituye un momento no solo disruptivo de los lazos afectivos sino además profundamente doloroso para sus allegados, ya que nada podrá consolar verdaderamente, – sino el regreso del fallecido – a aquellos que sufren la pérdida (Bowlby, 1980)10. Dicho dolor y tensión emocional requieren de un proceso complejo y prolongado para restablecer la normalidad y el equilibrio físico y mental en la vida de los allegados, proceso que se denomina duelo.

Prolongar la existencia física del fallecido y realizar toda una serie de ceremonias y preparaciones para dar disposición final del cuerpo y del alma del difunto, son la herramienta que le permite a los dolientes – quienes sufren el dolor de la pérdida –, asimilarla paulatinamente. Es una forma de despedirse por etapas menos drásticas, que ayuda a apaciguar el efecto emocional sufrido. Adicional a esto, el ritual funerario permite dar un correcto inicio al proceso de duelo que procede el ritual, y que se prolonga más allá de aquel. *** Después de haber concluido un breve recorrido a través de la muerte como evento desencadenante del ritual funerario y las razones por las cuales el ser humano tiene la necesidad de ejecutarlo, se procederá a desglosar el ritual en sus componentes principales, con el fin de proporcionar un entendimiento detallado del mismo: los aspectos teóricos, simbólicos, estéticos, poéticos, y en general, todo aquello que ha resultado significativo dentro de la construcción del conocimiento que posteriormente se espera sea de provecho en el objetivo de enriquecer el proceso de diseño de servicios.

8 De Paco (2003) en: Correa Cataño, A. (2012). La riqueza simbólica del ritual funerario. Revista Remanso (13), 16-21. 9 Op. cit. 10 Op. cit.


Etiquetas del Artículo:
·
Categorías del Artículo:
MEMORIAS

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Menu Title