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TRABAJAR PARA LA TRASCENDENCIA

“Al atardecer de la vida, te examinarán en el amor”

San Juan De La Cruz.

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Desde el principio de la historia de la humanidad hemos trabajado para sostenernos, lo hemos hecho en labores físicas o intelectuales; con investidura de empleado o de manera independiente;  para fines de lucro o para programas sociales;  en entidades de carácter público o privado…. Hemos  trabajado para generar nuestro  sustento y para lograr el desarrollo social.

Al principio el talento o las habilidades determinaban la gestión: La persona buena para matemáticas, estudiaba un programa de ingeniería o aprendía un oficio relacionado con el tema; quienes redactaban bien y tenían habilidades de expresión, estudiaban comunicación o se desempeñaban de manera empírica en actividades de relaciones públicas;  de esta manera funcionaba para cada uno de los oficios y profesiones.

Pasó un tiempo y las personas empezaron a preguntarse que querían, que les gustaba, donde tenían puesta la pasión, en que escenario se encontraba su realización. Apareció entonces la búsqueda del sentido de vida como la razón fundamental para definir el oficio o la profesión.

Saberse con un propósito DIVINO TRASCENDENTAL, es un regalo inmenso y a la vez un compromiso enorme. Tomar conciencia que a cada uno nos fue entregada una página en blanco de la historia para que la escribamos con nuestra propia vida, es darse cuenta que somos  únicos e irrepetibles; no para asumirlo desde el ego, sino desde la obligatoriedad de descubrir nuestro sentido de vida, asumirlo y entregarlo al mundo, a través del servicio. Esa labor trascendental nos fue encomendada y  cumplirla a cabalidad es el camino cierto de la realización personal, del cumplimiento del propósito Divino de la vida humana y de la realización de acciones que generan desarrollo, impacto social y nos convierten de manera natural en sujetos activos en la construcción de un mundo mejor para todos.

Hasta aquí, cada ser humano desde su misión es absolutamente valioso en el tejido social que hace posible la vida en comunidad. Somos seres interdependientes, necesitamos la vida y la gestión de los demás para poder llevar adelante la nuestra. Múltiples ejemplos lo demuestran: Alguien cultiva lo que comemos, otros confeccionan nuestras prendas de vestir, otros construyen nuestros vehículos, muchos estudian el cuerpo humano y atienden nuestra salud, otros inventan objetos que generan bienestar. Tantas acciones de unos al servicio de otros, conmueve pensarlo, porque de manera inmediata queda demostrada la valía de la COMUNIDAD……COMÚN – UNIDAD.  El día que tomemos conciencia de esta realidad, cambiará nuestra historia.

Y en la lista de las gestiones humanas al servicio de los demás, aparece la labor de quienes de manera libre y voluntaria deciden como profesión u oficio, la tarea trascendental de vida de devolver a la Eternidad a un ser humano, cuando termina su peregrinar por este mundo.

Misioneros de oficio, Apóstoles de servicio, Ángeles custodios, bastones humanos que sostienen la vulnerabilidad, voluntarios con salario, actores de amor desde la ternura, el silencio, el apoyo y la dadivosidad en su gestión. Baluartes de los principales valores del Ser Humano: La generosidad, la solidaridad, el servicio, la humildad.

La labor funeraria catalogada por muchos como un oficio fuerte, es en realidad un gesto de inmensa ternura; que requiere firmeza y valor pero de corazón; que necesita templanza pero del Alma; que exige carácter pero de Espíritu.

Realizar una labor funeraria es en esencia honrar la vida, no desde lo biológico, como un organismo que funciona, esa parte es banal; es honrar la vida, como una historia que merece protegerse y cuidarse aún después de la presencia física, con la claridad del verdadero valor de nuestro paso por este mundo, el amor;  y con la claridad del paso hacia la TRASCENDENCIA, independiente de la Creencia Espiritual de cada ser humano.

Trabajar en una actividad funeraria genera un aparente contra sentido, porque es honrar la vida de quienes ya no la tienen, pero merecen que su cuerpo sea cuidado como un homenaje a su condición de humanos, investidura que acaban de entregar y que merece ser recordada de la mejor manera hasta el final.

Trabajar en una actividad funeraria es tener la valiosa oportunidad de conectarse cada día con la Trascendencia de la vida, con el valor Superior de la misma; esa labor que puede volverse cotidiana en el hacer, es una muestra permanente del origen y el destino de la vida humana, para valorarla de verdad, para protegerla como el mayor tesoro, para interactuar con integridad, para estar en contacto con la Divinidad, cualquiera que sea la orilla desde donde se decida hacerlo.

Trabajar en una actividad funeraria es creer y querer al prójimo, máxima de todas las inclinaciones Espirituales a lo largo de la historia, es servir a un desconocido, en su experiencia más intensa de dolor; es ser un bálsamo anónimo y una real esperanza de humanidad.

Muchas labores existen en el mundo, todas valiosas y necesarias, pero trabajar en una actividad funeraria, es trabajar para la TRASCENDENCIA….. Sentido de todo, meta última de la existencia humana.

MINTA CECILIA MUÑOZ MONTOYA

Es por amor por lo que la vida tiene sentido y es para amar para lo que vinimos al mundo.


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