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Jaime Ceballos Ospina

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Jaime Ceballos Ospina

El hombre que con su innovación, vocación, visión y entrega ha consolidado uno de los grupos empresariales más grandes del Sector Funerario

Por: Nathaly Sandoval López y Daniela Rojas Marín 

Nació en Manizales el 29 de Mayo de 1.939, paso su infancia entre fincas cafeteras en el municipio de Calarcá, Quindío y creció en Cartago, municipio del norte del Valle, lugar donde compartió junto a sus padres y su hermana momentos inolvidables. Al terminar el colegio decidió estudiar arquitectura y es ahí donde traslada su residencia a la ciudad de Bogotá. Se graduó y regreso al municipio de Cartago tras el fallecimiento de su padre, ya que debía sacar adelante a su familia.

Siendo muy joven comenzó a trabajar como arquitecto, realizando innovadores y ostentosos diseños, los cuales lo llevaron a construir el primer conjunto cerrado de este municipio. Desde ese momento inicia su carrera, en donde contribuyo en gran parte al crecimiento y desarrollo de la región con proyectos de vivienda de interés social y para familias adineradas.

Allí conoció a Virginia Mendoza Duran, mujer perteneciente a una importante familia del municipio, ella con su belleza y dulzura encantó al arquitecto. Se casaron y tuvieron una hija Jimena Ceballos.

Este hombre aficionado a los toros y a los carros, se convirtió en Presidente de la Cámara de Comercio de Cartago y se hizo parte de la Asociación Colombiana de arquitectos, emprendiendo así nuevos proyectos para el crecimiento del municipio.

Jaime siendo un hombre pujante, como dicen en su región echado pa’ lante, ha tenido un gran tesón para los negocios, su experiencia lo hizo crecer, pero también lo hizo entrar en quiebra 3 veces y aun así se empeñó en salir adelante, recuperándose gracias a su habilidad y a su perseverancia.

Desde ese momento empieza a tener gran reconocimiento dentro del gremio de la construcción, en donde le ofrecieron realizar el diseño arquitectónico de un cementerio en la ciudad de Pereira, recibiendo como pago por su trabajo una participación accionaria en este proyecto. Desde entonces y por accidente comienza su vida en el sector funerario y como dice el con ese humor negro que lo caracteriza, paso de construir viviendas, a construir muriendas.

Dicho proyecto se encontraba a las afueras de la ciudad y por la dificultad en el transporte las personas lo usaban poco, por eso decidió con sus socios crear la primera Sala de Velación en el eje cafetero, naciendo así Casa de la Paz, la cual empieza a administrar Rodrigo Marulanda, un gran amigo de Jaime a quien recuerda con cariño y nostalgia por su partida. Gracias a su amabilidad y relaciones con personas de la alta sociedad de la ciudad, la Casa de la Paz comenzó a ser reconocida y preferida, ya que en ella encontraban más que calidad en los servicios, calidez humana por parte de Rodrigo.

La empresa empezó a crecer y se presentaron diferentes inconvenientes con la Diócesis de Pereira, uno de sus socios, por lo que esta exigió que le vendieran el cementerio, razón por la cual se disolvió la sociedad quedando pocos socios, los cuales le vendieron su parte a Jaime. De allí en adelante con su mente abierta y progresista hizo crecer esta empresa.

Pasaban los días y la región crecía tanto en habitantes como en área, desde ese momento Dosquebradas, Risaralda se convierte en un municipio independiente. Al ver la rápida expansión de esta zona, Jaime le propone a Jaime Arango Gaviria, en ese entonces Alcalde de Pereira y al Alcalde del municipio de Dosquebradas, construir un cementerio en Dosquebradas y un crematorio en la ciudad de Pereira.

Emprendiendo y desarrollando los dos proyectos simultáneamente, se realiza la apertura del Parque Cementerio Colinas de Paz, quince días antes de la apertura del Parque Cementerio que inicialmente se llamó El Bosque, en donde se encontraba el primer horno crematorio en una ciudad intermedia en Colombia. Desde entonces Jaime deja de ser arquitecto para convertirse como dice el “en sepulturero”.

Con el tiempo se dieron cuenta que en Colombia ya existía un cementerio con el nombre El Bosque, por lo que Jaime decidió cambiarlo. Tras pensar mucho el nombre indicado para este hermoso lugar, se resolvió en colocarle Parque Cementerio La Ofrenda Pereira, ya que la finca que se encontraba ubicada en ese lote se llamaba así. Jaime cuenta que estos Parques Cementerios fueron diseñados como una ofrenda para devolverle a nuestro Dios y a la tierra lo que le pertenece, siendo así la definición más apropiada para estos lugares.

Con más de 20 hectáreas de bosques y construidos con la idea de proyectar paz y de independizar cada espacio, estos Parques Cementerios impulsaron el crecimiento de la sala de velación, por esto se decide abrir en Pereira una sala adicional en el barrio Cuba y una en el municipio de Dosquebradas.

Con estas tres Salas de Velación y dos Parques Cementerios, se pretendía prestar los servicios a un grupo determinado de personas sin importar su estrato socio-económico, teniendo en cuenta que en la ciu


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