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Ismael Preciado Briceño Y Maria Elena Preciado Olea

Por: María del Pilar Rojas Bustamante

Los encontramos compartiendo el desayuno, doña Elena preocupada porque su viejo había dejado la droga de la tensión. Los encontramos en primera fila disfrutando las conferencias y la presentación de “Flores en el Funeral”, don Ismael obturando su cámara digital para registrar cada detalle, cada ingrediente nuevo, cada arreglo floral. Los encontramos en el almuerzo de integración y allí los vimos sumergidos en un mar de recuerdos que llegaron a sus mentes con melodías y canciones que  merecieron dedicatorias y lágrimas inevitables.

-Ismael me conquistó con serenatas y detalles –comenta doña Elena Preciado, siempre prima de Don Ismael y esposa suya desde el 6 de enero de 1954 cuando en la fría Zipaquirá entre gallos de la madrugada y neblinas saladas se dieron el sí.

El amor era vetado para aquellos primos que empezaron el juego de conquista y enamoramiento en una fiesta familiar

-Yo le coqueteaba a todo momento, comenta Don Ismael recordando aquellos días como una hazaña. “los amigos me veían que estaba tras ella y uno de ellos me apostaba a que no era capaz de darle un beso, esa apuesta la gané”, y desde entonces comparten sus vidas, vieron llegar sus siete hijos como la mayor bendición del cielo pero también vieron cerrar los ojos de su hija mayor, Rosa Elena, quien falleció a sus 21 años,  como el momento más triste y desolador en su existencia.

Hace 51 años llegaron a la calurosa ciudad de Honda, ya eran funerarios, actividad que Don Ismael adelanta desde 1942 cuando inauguraron el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos y la gente preguntaba dónde vendían “cajitas”  para niños que fallecían en el Hospital,  allí nació el funerario, el mismo que ha enmarcado su vida en la vocación de servicio, de ayuda a los más necesitados, en el liderazgo y poder de convocatoria que caracteriza a los LEONISTAS, de donde fue presidente; “el Club de Leones es una escuela donde hay mucho que aprender, su filosofía es hermosa y profunda, es necesario analizarla, interpretarla y asimilarla en todos los momentos de nuestra existencia porque en ella encontramos herramientas para SER mejores personas”.

Después de 54 años de matrimonio, seis hijos,  18 nietos y  3 bisnietos tienen todo el derecho de recomendar a las nuevas generaciones “querer y respetar la familia, llevarlos por el camino del bien aprendiendo a mirar hacia delante con toda la imaginación y respeto, saber elegir sus amistades respetando las de los demás”

 


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