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EL TALLER DE DUELO: UN VIAJE NECESARIO

Por Ana Mercedes Mejía Lenis Psicóloga de la Universidad San Buenaventura. Con amplia experiencia en el acompañamiento a familias en duelo y a personas con enfermedad crónica terminal. Coordinadora del taller de duelo de Plenitud Protección S.A. desde hace 6 años.

Claudia Patricia Escobar Tamayo Psicóloga de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD, Coordinadora nacional del programa Gota de Luz de Plenitud Protección S.A.

La pérdida de un ser querido tiene un impacto para algunas personas más importante en su vida que para otras, pero innegablemente nadie será el mismo después de que haya elaborado la pérdida.

El duelo o elaboración de la pérdida es un proceso adaptativo y natural, durante el cual las personas sobrevivientes movilizan sus recursos en pro del crecimiento y el afrontamiento de la adversidad que representa la pérdida. La movilización de los recursos en pro de la recuperación puede darse de forma individual o grupal, con o sin ayuda de un profesional.

No obstante toda persona en duelo requiere vivir el proceso a plenitud para recuperarse completamente después de la pérdida. Este proceso implica vivir etapas y tareas que conducen al doliente a través de un viaje en la búsqueda de respuestas, reconstrucciones, re-significaciones, simbolizaciones, aprendizajes, vivencias y experiencias que le construyan, le edifiquen y lo lleven por la senda del crecimiento.

El proceso de duelo es un viaje necesario, no solo para recuperarse de la pérdida de un ser querido, sino para lograr el crecimiento que aflora lo mejor de sí para beneficio propio y de los seres que nos rodean.

Apoyo en duelo

Las personas  buscan ayuda durante su proceso de duelo, para reactivar los recursos en pro de su recuperación. A veces solicitan apoyo individual, otros prefieren la alternativa del apoyo grupal.

Dentro de las posibilidades de apoyo grupal existen los grupos terapéuticos, los grupos de ayuda mutua, los seminarios y los talleres, entre otros. Algunos son coordinados por profesionales del área de la salud y otros por personas que  tras haber atravesado por el proceso de duelo, buscan acompañar y apoyar a otros con su experiencia.

Quienes trabajan en el apoyo de las personas en duelo y pertenecen al área de la salud, tienen la responsabilidad de brindar estrategias de apoyo y acompañamiento, basadas en el conocimiento científico y técnico, que garanticen las condiciones necesarias, para que quienes se acercan a este servicio, puedan realizar el viaje de su duelo con seguridad y éxito.

El taller reflexivo-vivencial: una estrategia de apoyo en duelo

Los talleres son una forma de abordaje grupal de temáticas puntuales de gran crecimiento en las últimas décadas, utilizadas para el trabajo de problemáticas asociadas al proceso de duelo. Es una experiencia de trabajo activo, colectivo, creativo, vivencial, concreto y sistemático, que puesto al servicio de personas en proceso de duelo ha demostrado ser de gran utilidad para movilizar los recursos de los dolientes en pro del viaje hacia su recuperación.

Aunque existen múltiples enfoques metodológicos, abordaremos el taller reflexivo- vivencial como estrategia metodológica de una secuencia de talleres de duelo.

Podemos definir la metodología taller reflexivo como un grupo de personas que se reúnen bajo la coordinación de un tallerista o facilitador para reflexionar sobre un tema relacionado con la subjetividad, donde cada asistente aporta al tema según su saber, gustos, capacidades o experiencias. En el taller reflexivo se construyen planteamientos, ideas, definiciones, conceptos, propuestas y preguntas relacionadas con un tema central de interés común. “En este espacio cada participante aprovecha la reflexión que se desarrolla para llegar a sus propias conclusiones y modificar su realidad objetiva y subjetiva.” (Gutiérrez, pp 18)

Para posibilitar la expresión en palabras entre los asistentes, el tallerista o facilitador modera la participación y a través de la escucha activa, lo expresado por los asistentes se devuelve en forma de preguntas, señalamientos, retroalimentación, entre otras, para que así el grupo pueda re-visarlo, reflexionarlo y construir nuevos conceptos, símbolos, aprendizajes o experiencias.

En la metodología taller reflexivo, el facilitador aporta la estructura y las herramientas de trabajo con las cuales  pone en movimiento la construcción grupal y gracias a su adecuado manejo, favorece la construcción progresiva  y conjunta de una reflexión cada vez más profunda sobre un tema central. Así la responsabilidad y capacidad de avanzar queda en manos de los asistentes, lo que les motiva a dirigirse cada vez más en el logro del objetivo: la construcción de un nuevo saber.

Según Guillermo Gutiérrez,…”El campo del taller…es reflexionar sobre aquello que produce inquietud en un grupo. …Por eso se llama taller reflexivo”. (Gutiérrez pp 33)

Por su parte podemos decir que la metodología del taller vivencial provee de distintas experiencias a los participantes y posibilita concientizarse, el ponerle palabras e incorporar esta nueva vivencia (lo que vivo aquí y ahora) a la riqueza de experiencias (las vivencias que incorpora, simboliza y nombra). Esto amplía el campo perceptivo y favorece la flexibilidad y la espontaneidad. (Gonzalo Morán)

Al igual que en el taller reflexivo, en el taller vivencial se parte de las experiencias, conocimientos, dudas y valores de los asistentes. Al mismo tiempo tiene por objetivo lograr la apropiación de las reflexiones, los conceptos y las metodologías para que puedan ser aplicados en la vida real.

El poder de ambas metodologías lleva a procesos de transformación y de mejoramiento de comportamientos y actitudes, partiendo de la reestructuración de pensamientos, sentimientos y conductas, “haciéndose cargo”  de lo que siente, vive y hace, para modificar la realidad interior y exterior en pro del crecimiento personal y por ende de la elaboración del duelo.

Al coordinar un taller bajo esta metodología, el facilitador ha de tener plena confianza en que una reflexión bien guiada conducirá a los asistentes a cambios positivos a la hora de enfrentar la pérdida del ser querido.

Si bien el taller de duelo no es un espacio terapéutico, la posibilidad de reflexionar de forma cada vez más profunda en torno a la elaboración del duelo, lleva a los asistentes a adaptar a la realidad sus nuevos aprendizajes y experiencias, realizando cambios internos y externos que conducen a mejorar su calidad de vida y a vivir un duelo cada vez más saludable, dichos cambios tienen efectos terapéuticos que se ven reflejados en ellos y en sus relaciones familiares y laborales.

El taller de duelo: un viaje necesario

Está claro que ante la muerte, una sola sesión no es suficiente; los asistentes requieren de una secuencia de talleres que les permita, en varios bloques temáticos, abordar diferentes aspectos de la elaboración del duelo, escuchando las expectativas y necesidades de los asistentes frente al tema para incluirlos en un orden que coincida con la ruta de viaje normal del duelo, las fases y tareas del duelo. Una secuencia de talleres también permite conocer cuáles son los elementos más relevantes y problemáticos para el grupo, para así retomarlos en sesiones posteriores.

La metodología da estructura al taller de duelo, pero es la experiencia y el conocimiento del profesional o tallerista, la que permite dar el orden adecuado y necesario a los temas a abordar en una secuencia de talleres de duelo. El orden de los temas es importante para guiar a los asistentes por el viaje necesario para su proceso de recuperación. Los temas deben ser progresivos a la luz de las tareas del duelo y considerar las necesidades y expectativas de los asistentes.

Cada grupo que se conforma para una secuencia de sesiones de taller de duelo plantea diversas necesidades y expectativas, pero la experiencia demuestra que las diferentes temáticas a tratar a lo largo de la secuencia de sesiones de taller de duelo, se van a acoger y profundizar mejor si se abordan en el orden en que han de atenderse las tareas del duelo.

En las primeras sesiones de taller de duelo las temáticas han de apuntar a la aceptación de la pérdida en sus diferentes dimensiones. Cuando las personas han avanzado en esta tarea, se disponen emocional y efectivamente a abordar con mayor claridad la expresión y sanación de los sentimientos asociados a la pérdida, como la culpa o la rabia, el miedo o la soledad. Una vez las personas en proceso de duelo tienen más estabilidad emocional, pueden permitirse salir del egocentrismo propio del duelo, dirigiendo su mirada y atención a otros asuntos como los vínculos afectivos con los vivos, a resolver problemas o atender asuntos pendientes.

Después de movilizar los recursos de los asistentes en pro de abordar sanamente estas tres primeras tareas del duelo, estarán listos para continuar su viaje sin el apoyo del grupo y basta con dar luces sobre la tarea final del duelo: reconstruir el proyecto de vida.

Dado que el proceso de duelo es una experiencia adaptativa y natural, el favorecer la movilización de los recursos personales de los asistentes hacia la adecuada realización de las tareas del duelo, es el objetivo primordial de esta forma de intervención y apoyo. Una vez los asistentes emprendan este viaje, no habrá marcha atrás. Lo que encontraran es un mapa de ruta hacia el crecimiento y el encuentro con un yo interior versión mejorada, resultado de la satisfacción de haber afrontado una realidad dolorosa y salir enriquecido de ella. Este último aprendizaje le llega al doliente como un regalo desconocido e imprevisto al final de su viaje.

Estructura del taller reflexivo-vivencial

Un taller reflexivo-vivencial cuenta con una estructura que da orden y apoyo a los asistentes a la hora de afrontar los temas a tratar, garantizando el acercamiento progresivo para la reflexión que conduce a la experiencia de aprendizaje.

La estructura de un taller reflexivo-vivencial consta de:

  • La convocatoria o invitación
  • La llegada y la acogida
  • El saludo y la presentación: ha de ser breve y puntual a fin de disminuir la cuota de dolor en los asistentes y reducir el deseo de hablar de los fallecimientos.
  • El encuadre: está conformado por una cantidad mínima de normas que tienden a generar el clima básico de aceptación y respeto necesario para el adecuado funcionamiento del mismo.
  • Actividad movilizadora: Tienen la posibilidad de ser muy variadas y versátiles. Las actividades deben ser profesionalmente estructuradas y dirigidas para lograr los objetivos propuestos. Puede ser actividades de reflexión individual o por subgrupos, puede incluir música, metáforas, rompecabezas, etc.
  • Recolección de datos: en esta etapa es importante que los asistentes tengan acceso a la información de los demás, de forma que puedan re-significarla, re-visarla y reflexionarla en pro del aprendizaje y crecimiento en su proceso de elaboración de duelo
  • La socialización: esta etapa del taller requiere mucho tiempo y esfuerzo por parte del facilitador. Elementos como la escucha y las intervenciones serán claves para su adecuado desarrollo.
  • Conclusiones y cierre: El cierre puede plantear objetivos de trabajo personal y grupal que cada asistente revisa y evalúa durante la semana, para retomarlo al inicio de la sesión siguiente. A veces el cierre está lleno de preguntas sin responder, la cuales se redefinen y se proponen para futuros talleres. Otras son impactantes, llenas de riqueza y profundidad.

Es importante cuidar el contacto con los asistentes desde el momento mismo de la convocatoria. Durante el saludo y la presentación en la primera sesión ha de procurarse contener los sentimientos de tristeza que tienden a aparecer, para favorecer una sesión con menos carga afectiva. Apegarse a la metodología, facilita la continuidad en la asistencia a los siguientes talleres al comprender de entrada el objetivo del taller reflexivo-vivencial de duelo.

Las actividades movilizadoras son quizás las que implican mayor complejidad y riqueza. Se llaman también dinámicas de contenido. Son tareas breves con instrucciones de procedimiento específicas y rigurosas que se asignan de forma individual o en subgrupos con el fin de ejecutarlos allí mismo. Para su diseño es necesario tener claro los objetivos de la actividad y pensarla en virtud de que brinde elementos valiosos y profundos para la reflexión, ya que acerca a los asistentes a la vivencia de su duelo.

Es importante tener en cuenta que las tares sean motivantes, que las instrucciones los lleven lentamente a sumergirse en la experiencia y que tenga gran capacidad de evocar la vivencia. No se puede olvidar que además deben estar directamente orientadas al trabajo reflexivo y  conservar su dirección de desarrollo de principio a fin.  (Guillermo Gutiérrez. pag 111-113)

Cuando se realiza una secuencia de taller de duelo, el siguiente taller nace desde el momento mismo en que termina el anterior. La evaluación del taller anterior y la escucha activa ante las necesidades y el proceso mismo del grupo, ayudan a elegir el tema a tratar en el siguiente. Gracias a ello se establecen los objetivos y se diseña la actividad, se definen los posibles focos de discusión apropiados para ese grupo en esa situación.

Ventajas y beneficios del taller de duelo

La realización de talleres para personas en duelo tiene múltiples ventajas. Entre ellas está el permitir el acceso a aquellas personas que no se sienten cómodas en la consulta individual o que prefieren trabajar de forma grupal, ampliar la cobertura de atención, entre otros Pero el verdadero valor de los talleres de duelo está en el beneficio para los asistentes en cuanto al avance en su proceso, la movilización de los recursos personales a través del aprendizaje grupal y los beneficios sobre la salud integral de los dolientes.

Las personas que asisten a los talleres observan beneficios importantes al encontrarse en un ambiente controlado a la hora de abordar temas de duelo, entre los cuales están

  • Darse cuenta que no están solos, que no son los únicos que viven esa experiencia.
  • Identificarse rápidamente con los demás.
  • Sentirse apoyados y comprendidos por otros como ellos.
  • Comprender que lo que sienten y piensan es normal.
  • No están obligados a hablar o expresar lo que no desean.
  • Pueden confrontar sus ideas, sentimientos, pensamientos e inquietudes con neutralidad y respeto
  • No necesitan huir de su dolor porque él los une.
  • Sienten que sus experiencias le pueden ser útiles al otro y viceversa

Esto de por sí favorece el viaje a través del duelo en pro de la recuperación. Pero existen otros beneficios de los talleres reflexivos-vivenciales de duelo más profundos y duraderos a largo plazo, tales como:

  • Cuestionamiento de las posturas personales y subjetivas frente a cómo afrontar el proceso de duelo
  • Expresar las opiniones, sentimientos e inquietudes respecto a las propias vivencias, ampliándolas, resinificándolas y/o sanándolas.
  • Exponer los sentimientos desagradables y ventilarlos, lo que tiene efectos saludables sobre quien asiste.
  • Evidenciar cómo los asistentes afrontan sus duelos, lo que les permite revisar la forma en que pueden influir positivamente sobre su dolor o sufrimiento.

Esto se logra al motivar y exigir al grupo la construcción de alternativas cada vez más saludables sobre aquello que le causa dolor.

Finalmente podemos decir que si para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y que además la salud mental se define como el estado de bienestar emocional, afectivo y cognitivo que permite a los individuos desarrollar sus habilidades y afrontar el estrés normal de la vida (Nuñez y Tobón, 2000), la contribución de forma positiva a que las personas que han perdido un ser querido puedan movilizar sus propios recursos en pro de vivir sanamente sus duelos y crecer ante la adversidad, es el mayor aporte que hacen los talleres de duelo a la salud mental e integral de las personas en duelo.

 

Bibliografía

Gutiérrez, Guillermo. El taller reflexivo.  Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. 3 ed. 2003. Medellín, Colombia.

Cibergrafia

http://www.sht.com.ar/archivo/personal/vivenciales.htm Talleres Vivenciales: la importancia del ser con el otro. Por Gonzalo Morán.

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