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EL SIMBOLISMO FUNERARIO EN COLOMBIA: Transformación y crisis.

27a

Por Alonso Correa Cataño

Desde el momento en el que el conquistador europeo desembarca en el nuevo mundo se da una transformación radical en todos los rituales de la cultura prehispánica, entre ellos el funerario; esta transformación implicó una ruptura con el sistema tradicional de creencias que el hombre americano había sostenido por siglos y que en cuestión de unas décadas se transformó para dar paso a los rituales impuestos en el conocido proceso de la aculturación.  Pero estas tradiciones del conquistador no eran puras en su esencia, se trataba de una compleja amalgama entre las herencias judías, árabes y cristianas del viejo continente, que a su vez eran una herencia del mundo grecorromano y con simbolismos egipcios. Estas tradiciones en nuestro continente habrían de mezclarse con el componente simbólico del nativo y más tarde con el pensamiento animista del africano. Nuestro ritual funerario habla de diversidad cultural, de encuentro de mundos, mentalidades y realidades, lo que ocasionó también un cambio en los simbolismos, que son la esencia del ritual y que gracias a la intervención y permanencia de la iglesia católica tomaron forma y se han sostenido en el tiempo, resistiendo los embates del modernismo y de las constantes revueltas políticas y sociales de nuestro convulsionado país.

Para el español eran tan importantes los rituales funerarios que preparaban todos los elementos a fin de cumplir un estricto protocolo, ellos traen a nuestro continente las cofradías y capellanías, que se establecen a partir del siglo XVI, teniendo como modelo las existentes en Europa. Dichas instituciones tenían por objeto “acompañar a sus asociados a la hora de la muerte y garantizar la oración constante por las almas de sus fundadores después de ella.”[1]

Hoy en día podemos rastrear esta preocupación en los archivos en los cuales descansan los voluminosos testamentos en los que se explicaban minuciosamente todos los detalles relacionados con las pompas fúnebres y sus símbolos. Todo el ritual estaba dirigido a la salvación, a buscar la cercanía de lo sagrado, de ahí el afán por sepultar al interior de las iglesias, práctica que se ve restringida a finales del siglo XVIII por los discursos modernistas de corte higienista; así, desde la segunda mitad de este siglo  se da un cambio radical en la visión que se trae y los encargados de hablar del tema de la muerte no son ya exclusivamente los clérigos sino médicos, servidores públicos y los planificadores urbanos, que no eran otros que los ingenieros militares; quienes dieron impulso a la construcción de cementerios, preparando así el escenario para las nuevas manifestaciones que aflorarían en la segunda mitad del siglo XIX, reflejando cambios en los hábitos funerarios y sus expresiones simbólicas.

La existencia del cementerio genero una serie de comportamientos y actitudes que solidificaron los contenidos religiosos y simbólicos entorno a la muerte, se afianza una imaginería popular a partir de representaciones como la Virgen del Carmen, San Nicolás de Tolentino, las ánimas del purgatorio, el ánima sola, entre otras, que animaban la piedad con los fieles difuntos y propiciaban comportamientos que reflejaban este cuerpo de creencias.

Podemos plantear que los imaginarios y mitos se construyen con elementos externos como educación, amistades, creencias, etc y estos a su vez dan origen a comportamientos que se materializan en rituales y se transmiten por medio de símbolos. Para el caso que nos ocupa los símbolos eran las  campanas, los colores, las melodías o música, las flores, las cintas, coronas, sufragios, fuego, velones, candelabro, agua, incienso, carrozas, luto, oración, estatuaria, imagenología, novenarios,  inhumación, cementerios, carteles, responsos , entre otros muchos.

Si avanzamos en el tiempo nos damos cuenta que a lo largo del siglo XX los rituales no sufren mayores transformaciones, mantienen la sobriedad, elegancia y solemnidad que los caracteriza, incluyendo obligaciones sociales como dar el pésame, realizar la debida visita y materializar la solidaridad con los dolientes mediante el sufragio. Pero de cara al siglo XXI se ha dado un aceleramiento en el proceso de desritualización y despojo de simbología al ritual funerario.

Podemos hacer un análisis de símbolos tradicionales en el ritual funerario para apreciar mejor cuales se mantienen, cuales han desaparecido y cuales desaparecerán:

ELEMENTO SIGNIFICADO VIGENTE AUSENTE
Corona Se relaciona con lo divino, por su forma circular plantea el ciclo vital. Nexo entre la realidad humana y el más allá. En un 80%
Ramo Homenaje material que rinden los deudos y cercanos al difunto. Ver significado flores En un 80%
Cofre Caja de madera donde se deposita el cadáver para llevarlo a enterrar. Féretro o caja mortuoria. Su significado es “en el que se deposita un tesoro o algo valioso.” Permanece como uno de los elementos indispensables dentro del ritual funerario.
Catafalco Es un sepulcro, zona elevada o armazón de madera o ataúd cuidadosamente adornado que es utilizado en los templos o lugares donde se celebran las exequias o enterramientos de cuerpo presente. Su significado está relacionado con el hecho de elevar al difunto y darle un sitio de honor. Tiende a desaparecer, hoy en día los más artísticos y elaborados son verdaderas piezas de arte. Y han sido desplazados por el uso de los carricoches.
Sufragio Documento de carácter social y sentido piadoso que tiene por objeto manifestar el pésame. Los sufragios se vinculaban especialmente a cofradías y quién lo adquiría pagaba un derecho a un número determinado de misas por las ánimas. Durante la época de la violencia del narcotráfico se solía amenazar enviando sufragios, por lo que este elemento tomó un carácter negativo hasta desaparecer
Ataúd Un ataúd (del árabe at-tābūt; «cajón», «cofre») es un elemento que se utiliza en ritos funerarios de muchas culturas desde la antigüedad. Antiguamente se le llamaba urna o sarcófago. Su simbolismo indica que el cuerpo es depositado en un elemento natural (madera) para ser devuelto a la madre naturaleza. Su vigencia es muy fuerte, en sus distintas variedades de materiales, colores y hasta formas.
Cementerio Viene del término griego koimetérion, que significa dormitorio porque, según la creencia cristiana, en el cementerio, los cuerpos duermen hasta el día de la resurrección. A los cementerios católicos se les llama también camposantos, dado que en Pisa, cuando ateniéndose a medidas de higiene la autoridad ordenó cerrar el cementerio, que había sido construido en el siglo XIII dentro de la ciudad, el terreno fue cubierto con una gran capa de tierra, que las galeras pisanas habían traído de los lugares santos de Jerusalén. Su idea y estructura se mantiene a lo largo del tiempo. En sociedades tradicionales y religiones como la hebrea, católica o en el islam, todavía son lugares sagrados. Dentro del concepto de homenaje al difunto es el lugar de la memoria. A la vez que constituye un patrimonio cultural al guardar los simbolismos funerarios de cada grupo. Actualmente la palabra en su esencia se ve transformada por términos como jardín cementerio, parque memorial, parque cementerio.El lugar en sí mismo se ve afectado por el auge de la cremación y la construcción de lugares para cenizas.
Bóveda Lugar en el que se deposita el ataúd durante las exequias, por lo que no es correcto decir inhumación. Se refiere a la bóveda celeste, y en algunas culturas es en si la casa del muerto y por lo tanto otro lugar de habitación. Por el auge de las cremaciones, las bóvedas han bajado en su demanda.
Carnario Bóveda generalmente subterránea donde se deposita el cadáver para su descomposición antes de ser trasladado al destino final. Es el espacio simbólico para que la carne (esencia material) se desprenda y se integre a la madre tierra. Totalmente en desuso.
Catacumbas Serie de galerías subterráneas para uso funerario utilizadas en el imperio romano por judíos y cristianos. Totalmente en desuso. Hoy son parte del patrimonio de la humanidad y son una muestra de un uso fúnebre que desaparece y que podría volver a pasar con otras prácticas.
Conclamatio Costumbre funeraria que consistía en la pronunciación, en voz muy alta, tres veces el nombre del difunto antes de darle sepultura. Un ritual de verificación con el que se buscaba encontrar respuesta del fallecido, a fin de detener el sepelio o darle continiduad Como tantos simbolismos funerarios también entró en desuso. Hoy solo se aplica en el ritual privado del Vaticano, al llamar al Sumo Pontífice tres veces para verificar su muerte.
Condolencia Participación en el pesar ajeno. Pésame. Viene de condolerse compartir el dolor del otro. Es un elemento simbólico que representa la solidaridad del grupo. Permanece como norma social y de solidaridad. Podríamos afirmar que es una de las normas sociales, no solo más extendidas, sino más antiguas de la humanidad.
Cortejo fúnebre Conjunto solemne de personas que acompañan en una ceremonia. Consiste de hombres y mujeres. Representa la procesión que lleva hasta el lugar final de descanso y a la presencia del Supremo, en la mitología griega a los seres divinos encargados de estos menesteres se les llamó Psicopompos o guías de la procesión de las almas. En el contexto nacional como cortejo acompañante organizado solo se da en la ciudad de Medellín. En otras ciudades y poblaciones es espontaneo y está conformado por amigos y familiares del fallecido.
Cripta Cámara abovedada situada bajo una iglesia. Por lo tanto representa la cercanía a lo divino, se encuentran variantes en los llamados hipogeos, tumbas prehispánicas que construían los indígenas bajo sus propias casas para el culto a los antepasados. En la actualidad se mantiene este lugar como parte del espacio sagrado del templo, pero ya con la presencia de zonas específicas para las cenizas.
Carteles Elementos en los que se anuncia el fallecimiento de una persona, así como el lugar, fecha y hora de sus exequias. Se trata de uno de los primeros medios de comunicación masiva. Se han hallado muestras en lugares lugares romanos, escritos en piedra. Hacen parte de la tradición funeraria ya que son una fuerte forma de convocatoria a la comunidad.
Mortaja Vestidura en que se envuelve el cadáver para introducirlo en la tumba. Representaba para algunos grupos el capullo que contiene a la mariposa para su transformación. Este elemento ha entrado en desuso en la mayoría de las ciudades, pero algunas comunidades más aisladas mantienen esta práctica.
Hábito Vestido ritual para el cadáver, relacionado con una cofradía, una figura religiosa: hábito de San Antonio, San Francisco, Virgen del Carmen. Simboliza renuncia a lo terrenal y vinculación con lo sagrado, así como símbolo penitencial (perdón) Es una práctica que podemos encontrar en zonas rurales, algunos departamentos y rangos de edad más tradicionales.
Campanas El sonido de la campana simboliza el poder creador de Dios. Tradicionalmente han marcado los ritmos de las ciudades, así como acontecimientos importantes.Por ser sagradas tenían como función mantener a raya a los malos espíritus. Para el oficio de difuntos se le llama doblar de campanas, para otro tipo de ceremonias se denomina tañir. Para el día de hoy otro gran simbolismo que tiende a extinguirse, ya que muchas iglesias acuden a la tecnología y reproducen por medios de grabación el sonido de estas. También algunas normas legales que restringen el uso por considerarlo como alteración del orden.
Responsos Oraciones por el descanso de las almas de los fieles difuntos. Simbolizan una intermediación de los vivos por los muertos. Tradicionalmente eran en latín, luego pasaron a las lenguas más usadas. Mantienen su vigencia debido a prácticas sociales y religiosas muy arraigadas. Sin embargo la injerencia de diversas creencias religiosas ha ido afectando su sostenimiento en el tiempo.
Novenario Costumbre tradicional de llevar a cabo la novena a las ánimas durante los días posteriores al sepelio, culminando con un oficio religioso. Representan el acompañamiento del grupo sobreviviente con los deudos, son los nueve días propiciatorios para el cruce del alma al territorio sagrado, en tradiciones como la romana. Las familias mantienen esta tradición como un nexo fuerte con los difuntos y como medio de socialización. Las prácticas contemporáneas han hecho que este  simbolismo desaparezca en un porcentaje significativo y alarmante.
Pésame Expresión del sentimiento de solidaridad para con la familia del difunto. Representa la reafirmación de la vida social de la comunidad. Para la sociedad representa más una costumbre o gesto de cumplimiento de normas y por lo tanto ha entrado en un decaimiento. Actualmente las personas envían pésames virtuales.
Recordatorios Tarjetas que se entregan al final de un servicio fúnebre con la intención de mantener el momento en la memoria y expresar gratitud por el acompañamiento. En otro tiempo esquelas. Son parte del ritual, las familias las exigen como parte del servicio exequial.
Velación Cierre del ciclo vital de cada individuo, no es el acto de velar con los velones, es el acompañamiento que se hace, la vigilia que se mantiene para acompañar al difunto y su familia. Se trataba de vigilar el cuerpo, acompañándose de la luz sagrada. Para protegerlo de las fuerzas del mal. Ante el auge de la cremación y de los llamados “directazos”, la velación ha disminuido ostensiblemente.
Velones La luz sirve de guía para el fallecido y el velón, al consumirse, representa la vida que se extingue. El color determina el status del personaje, por ejemplo la cera blanca, para las vírgenes y consagrados, amarillo para los católicos y romanos, ya que simbolizan la fe y la esperanza que se tiene en la resurrección. El número correcto utilizado es cuatro velones. Ya que este número representa las cuatro estaciones de la vida, los puntos cardinales, los cuatro elementos de la naturaleza. Actualmente han desaparecido en algunos lugares los cuatro velones, siendo reemplazados por dos o por lámparas eléctricas. Perdiéndose así el simbolismo sagrado del fuego y de la luz.
Epitafio “Escrito en piedra”, texto que exalta las virtudes del difunto o que ha sido escogido por este en vida. Se trata de la primera forma de publicidad personalizada. En desuso debido a las prácticas modernas.
Exequias “Lo que sigue” “lo que continúa”. Honras fúnebres. Máximos honores o elogios al fallecido, son la oportunidad de la comunidad para la reconciliación y pagar la “deuda” existencial. Amenazadas por la disposición acelerada del difunto bajo la forma de los directazos o camillazos.
Exhumación Ex – humus, “fuera de la tierra”, conocido en nuestro contexto como “sacar los restos”, después de los cuatro años de sepultados. Por el auge de la cremación tiende a desaparecer. También por el impacto emocional que causa y factores económicos.
Flores Cada flor es portadora de un significado con relación al ritual y representan lo efímero de la vida. Simbolizan el paraíso, el Jardín florido de las almas justas. Son una representación de los mitos y símbolos de esperanza en una vida futura. Vehiculizan emociones y son omnipresentes al poder representar las condolencias de quién no puede asistir. La sociedad desritualizada moderna ha entrado a reñir con la práctica de enviar flores a los servicios funerarios, algunos grupos sociales solicitan que se envíen donaciones a una fundación de beneficencia.
Lápida Simboliza la puerta de la casa del difunto, le devuelve al status de habitante al permanecer en ella el nombre del fallecido, mantiene su identidad y cronología. Asignándole incluso una nomenclatura en la ciudad de la muerte. Elemento importante y muy arraigado en las costumbres sociales de los grupos humanos desde las primeras civilizaciones.
Luto Exteriorización del toque de la muerte en el grupo familiar del fallecido, por medio de la simbología cromática a través del color negro, blanco y otros de acuerdo a la cultura; manifiesta que han sido golpeados por ella. En algunas comunidades era una estrategia para camuflarse ante los espíritus.En la sociedad actual es la manifestación del dolor, angustia y tristeza. De acuerdo al grupo social y su tradición cultural variará el color. Hoy se encuentra reducido casi en su totalidad en las zonas urbanas, pero visible en las zonas rurales o en grupos de edad más tradicionales.
Corona de laurel Por su forma representa el infinito, propicia para personas destacadas en la sociedad por algún mérito. Se mantiene para rendir homenajes póstumos a personajes representativos, especialmente en el mundo castrense y político.
Laurel Árbol que representa la inmortalidad y la victoria. En la religión romana estaba consagrado a Apolo. Significa la muerte, ya que una vez cortado no retoña. En la sociedad actual su presencia se ha limitado a eventos puntuales.
Candelabro Del latín candelabrum , candelero. Simboliza la manifestación divina como sustento de la vida, representada en la luz. Mantienen su vigencia por ser símbolos en sí mismos dentro de los rituales y el imaginario. El uso de candelabros eléctricos los saca del contexto bajándolos al nivel de lámparas ornamentales.
Carroza En la antigüedad era el transporte de dioses, reyes y héroes, simboliza un estatus superior o divino, por lo tanto su uso estaba restringido. Cabe anotar que estas carrozas tenían diseños simbólicos representando la jerarquía y lo divino de dicho elemento. Se encuentra tanto en la mitología griega, romana y en la Biblia, dónde adquiere un carácter de vehiculización hacia lo infinito. Ha sufrido transformaciones a lo largo de la historia, hasta llegar a los modernos vehículos, pensados para ser elementos solemnes en un ritual funerario. Podríamos decir que la cirugía metálica, que consiste en transformar vehículos sin connotaciones rituales en coches fúnebres, restándole solemnidad y sensibilidad.
Cremación No se trata de la destrucción de un cuerpo mediante combustión como se considera hoy día; su simbolismo es someter un cuerpo al fuego purificador para liberar el alma y que llegue más fácil a Dios. Al contrario, entró tímidamente en nuestra sociedad hace ya unos treinta años, y hoy en día los indicadores la sitúan por encima de la inhumación, en diferentes regiones de Colombia.
Agua Simboliza la vida, por este sentido se utiliza tanto en el bautismo católico como en la muerte. En las tradiciones judías y cristianas, el agua simboliza fundamentalmente el origen de la creación y constituye, por ello, una manifestación de lo trascendente. Posee, por sí misma, una virtud purificadora; de ahí que también se considere sagrada. Esta condición explica el uso del agua en abluciones rituales por cuanto constituye el único agente natural capaz de borrar toda mácula, toda infracción. Originalmente, el agua bendita era rociada sobre el cuerpo para protegerse de los demonios. Mantiene su vigencia al permanecer como un elemento solemne, sagrado y simbólico, tanto en la nacimiento como en la muerte.
Incienso Esparcido en el ambiente es signo de honor y veneración y se introdujo primeramente solo para honrar a los difuntos y a continuación en los rituales solemnes, dirigido al Santísimo Sacramento, al altar, a la palabra de Dios, al oficiante, al clero, a los fieles. Dentro de sus simbolismos está el trasladar, mediante el humo y el aroma, las oraciones a Dios. Se mantiene en la liturgia como elemento que simboliza la conexión de lo humano con lo divino.
Arrojar un puñado de tierra. Arrojar tierra en un ataúd simboliza que el fallecido retorna a la tierra como lugar de descanso final. Muchas culturas y religiones creen que el hombre nació de la tierra y allí regresa cuando muere. Usualmente, un miembro de la familia o esposo tirará el primer puñado de tierra, con los otros amigos y familiares siguiendo su ejemplo.Tirar tierra en un ataúd en un funeral puede tener connotaciones no religiosas. Algunos dolientes buscan una manera de conectarse a la experiencia, ofrecen un gesto de respeto al fallecido y su familia, y comparten el dolor con los demás. Esta costumbre ha desaparecido casi por completo, debido al auge de la cremación.

 

Se podrían enumerar otros elementos, pero estos sirven para analizar la situación en nuestro contexto. Cabe anotar que estas descripciones y significados varían para otras culturas, aquí se toman los significados más tradicionales de nuestra cultura funeraria.

Ante esta preocupante realidad, cabe preguntarse ¿cuál será el futuro del simbolismo y el ritual funerario? ¿Qué se hace por preservar los elementos que sobreviven del ritual? Porque esta pregunta nos lleva a la situación de nuestro sagrado oficio, ya que es necesario recordar que sin simbolismos no hay ritual y que no existiríamos sin estos elementos. Esta realidad no solo afectaría a las empresas funerarias, sino a la comunidad en general, porque duelo que no se ritualiza se complica y se transforma en un problema de salud pública. Hemos insistido en la necesidad de preservar los rituales, pero para poder hacerlo debemos empezar por los símbolos, pues nuestra profesión se alimenta de los simbolismos que, quizá, en la miopía de una sociedad laica, invadida por filosofías de todo corte y con un ateísmo y materialismo crecientes entra a rechazar, negar y descalificar el mito que es la razón de ser del símbolo ya que el símbolo oculta revelando y revela ocultando.

Las causas más sobresalientes del proceso de desritualización que podemos enumerar son : la deserción religiosa, la tecnología, las complejidades de la vida moderna, el factor económico, la mala información, la injerencia de otras culturas a nuestro medio, la falta de tiempo, la poca preocupación del sector funerario, los servicios light, el no sentido de la muerte, la mala formación de los directores funerarios, el desconocimiento de los directores funerarios y otros empleados y , tal vez la más preocupante, la complicidad del mismo funerario.

Por eso, pues, es de trascendental importancia, si queremos que la cultura y las empresas funerarias permanezcan en el tiempo, que el funerario responsable de hoy asuma la sagrada misión de salvaguardar esta tradición milenaria, creando una pedagogía de los símbolos y rituales para que de nuevo ocupen el sitio y la interpretación que en otrora tuvieron. Y solo se podrá hacer capacitando al cliente interno y externo, sobre la importancia del ritual funerario y sus simbolismos.

[1] RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, ANA LUZ. Cofradías, capellanías, epidemias y funerales. Una mirada al tejido social de la Independencia. Banco de la República, Bogotá, El Áncora editores, 1999, p.98.


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Edición número 15

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Comentarios

  • Excelente artículo. Un barrido histórico de nuestra cultura fúnebre respaldado por el intelecto, nos puede hacer comprender el uso de cosas simbólicas de este tipo de realidad, con los que evitaríamos aplicar en los funerales aquellos juicios dirigidos a la infravaloracion de lo simbólico por parecernos innecesarios.

    José Miguel Lara Rodriguez 27 enero, 2016 4:06 pm Responder

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