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DUELO, DOLIENTES Y PERDON

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Duelo, dolientes y perdón

“La muerte de un ser querido suele trastornar de forma más o menos grave el estilo en que las personas se comunican y relacionan unos con otros; las rutinas de la vida diaria se rompen, y ya nada suele tener sentido, pues se crea un desorden de aquellos canales de comunicación y patrones de interacción que reafirman la estabilidad y que permiten desarrollar y confirmar la identidad y la autoestima.”  (Pp 42 Carrasquilla 2008). 

 

Fanny Bernal Orozco
Psicóloga, Coordinadora Centro de Intervención y Aprendizaje en Duelo (CIAD).
Profesora Titular Universidad de Manizales

No es fácil estar en Duelo. Ante la presencia de la muerte, la vida da un giro enorme, en ocasiones de manera intempestiva y a veces sin querer, se comienza a andar por senderos desconocidos y nada agradables, la soledad, el silencio, la ausencia de calma, el miedo al futuro que está por llegar, el temor a lo desconocido, las preguntas sin respuestas, en fin, son muchos los factores que se mezclan en momentos como estos, para los cuales casi nadie está preparado. “Los procesos de duelo y de elaboración del duelo incluyen la persona, la aflicción, el dolor y el sufrimiento, fundamentalmente mentales, que es necesario padecer para ‘curar’, ‘elaborar’ o ‘resolver’ la pérdida. También incluyen las ideas de reacción, procesos de adaptación y procesos adaptativos.” (Pp 49 Tizón 2004)

Los Duelos van precedidos de innumerables cambios, hay una danza de diversas emociones, dolor, miedo, rabia, culpa, todas ellas acompañadas de imágenes que brotan en la mente, de numerosos recuerdos, hechos que se tenían guardados y que afloran como testigos de los vínculos y la historia tejida. Así, entonces, la remembranza conmueve y para algunos seres humanos traer al presente ciertos acontecimientos, altera sus emociones y sentimientos, y llena de confusión y oscuridad el camino del Duelo.

Con alguna frecuencia, los procesos de Duelo son más agudos, debido a resentimientos y asuntos pendientes de tipo emocional que para algunos Dolientes han quedado sin elaborar y tornan más compleja la ausencia y la muerte de los seres queridos. Hay personas que se aferran al odio, la culpa o a los deseos de venganza y con ello impiden que el dolor se movilice con libertad.

Los Dolientes, reaccionan de distintas maneras a la muerte, unas personas no tienen problema con llorar y expresar sus emociones, otros hacen un gran esfuerzo para controlar sus sentimientos, mientras hay quienes consideran, que el sentir y el quejarse, son cosas de cobardes, no saben que también para manifestar el dolor, se necesita coraje.

Las personas en Duelo poco a poco se dan cuenta de que el dolor no está solo, que se acompaña de otras emociones que originan perturbación y desasosiego, tanto que en algunos casos comienzan a tener trastornos en sus hábitos alimenticios y dificultades para conciliar el sueño. Una señora en consulta, decía: *“No llegué a tiempo esa noche a acompañar a mi marido, y yo le prometí que iba a estar con él en el momento de su muerte, por eso ni duermo, ni como tranquila, me siento tan culpable…”.

La culpa es una emoción que tiene un poder grande y desestabilizador, produce remordimientos, tristeza, sentimientos de vergüenza, miedo a las miradas o reproches de los demás, temor al rechazo, y sensación de soledad. La culpa entonces, es un fardo que hay que descargar, y ello se logra al adquirir conciencia del daño que ésta genera cuando se le ha permitido permanecer y crecer.

Por lo tanto, es necesario expresar lo que se siente, y ojalá al hacerlo se escoja una persona con la que haya total confidencialidad, que sepa escuchar, y que no haga suposiciones; la idea es lograr descargar y liberar el caudal de sentimientos sin que prime el juzgar y el señalar. La culpa es una emoción a la que se le puede sacar provecho, solo al darse perfecta cuenta y con claridad de lo que ha sucedido, se realizan cambios en los comportamientos y hábitos de vida que han afectado las relaciones consigo mismo o con las demás personas.
ara lograr estas transformaciones hay que echarle mano a la voluntad y a la responsabilidad, recursos sin los cuales no se puede hacer ninguna conquista que esté relacionada con la salud mental y el autocuidado emocional; sin embargo hay personas que no quieren transitar el sendero del Duelo y viven aferradas a la rabia.

Margarita, en un taller sobre manejo de Duelo, afirmaba: *“Mi madre era una mujer buena, era alegre, estaba aliviada, buena madre, todavía me acompañaba a hacer todas las vueltas de la casa, cómo es que Dios se la lleva a los 78 años, si Dios fuera bueno, la habría dejado más tiempo conmigo, tengo mucha rabia con él”. (De esta historia han pasado ocho meses).

La rabia y el resentimiento, son tan poderosos que logran enfermar a los Dolientes, quienes comienzan a ir de un profesional a otro, en busca de apoyo, para sanar, pero en el fondo, pesa más la ira que los deseos de aliviar el dolor. Pareciera que estas emociones les mantienen vivos, solo que no se dan cuenta de que se están marchitando por la carga de amargura que están alimentando.

Es posible que ante los demás mantener el papel de víctima, les proporcione ganancias secundarias de tipo emocional y de compañía y cuidado de familiares o amigos, sin embargo estas actitudes, terminan por alejar a las personas y agotar las relaciones, es difícil cambiar el papel de víctima sufriente.

Afirma Luskin: “Una víctima es un individuo incapaz de responder ante circunstancias dolorosas o de controlar sus pensamientos y sentimientos. Héroe es aquel que ha luchado contra la adversidad y se niega a dejarse derrotar por los sucesos dolorosos de la vida. Perdonar es el viaje que empieza narrando la historia de la víctima hasta llegar a la historia del héroe. Perdonar significa cambiar su historia para que sea usted quien esté en control, y no el rencor. (Pp 154 Luskin 2002).

A propósito una consultante sostiene lo siguiente:

*“Me resisto a dejar ir lo que me duele, y me está quitando la calma, todo el día, a todo momento, me la paso pensando lo que me hizo y sobre todo, cómo me engaño durante tanto tiempo, solo ahora con su muerte me doy cuenta de que tenía una doble vida y yo pensando que estaba haciendo estudios o trabajando. Ahora lo único que quiero es vengarme, pero ¿cómo?”

“La venganza enfoca tu atención y tu energía hacia el pasado. Tu presente ya no tiene espacio, ni tu futuro proyectos interesantes”. (Pp 74 Monbourquette 1992). La venganza detiene, en vez de mirar el presente y proyectarse al futuro, la cabeza se vuelve atrás como lo hizo la mujer de Lot, convertida en estatua de sal, al salir de Sodoma y Gomorra, según narra la biblia.

Los deseos de venganza, hacen ver el mundo oscuro, injusto y lleno de sufrimiento. La vida ha cambiado; los roles, escenografías, guiones se han desajustado, nada es igual, todo es diferente y ante la confusión, más confusión. Cuando alguien está en estas condiciones mentales y emocionales, es como si permaneciera un callejón sin salida, no avizora, ni luz, ni escapatoria, solo penumbras que hacen más fuerte la desesperanza.

En estas condiciones desprenderse de esos pensamientos y buscar alivio, es todo un desafío, se requiere una gran dosis de amor propio para dar los primeros pasos que permitan sanar las heridas que han socavado la paz, el equilibrio interior y asumir el Duelo con menos cargas emocionales.
A partir de un Duelo, los dolientes tienen varias responsabilidades, entre ellas la expresión de sus emociones y sentimientos, el cuidado físico, el autocuidado emocional, estar atentos a sucesos que agudicen el dolor y la pérdida, aprender a afrontar la ausencia del ser querido, reflexionar acerca del papel que juega la muerte en la vida, agradecer la experiencia compartida, y realizar las tareas del Perdón como parte del proceso de aliviar y sanar.

Algunas personas en Duelo, aducen que no es fácil perdonar cuando se han vivido humillaciones, desprecios, abandonos y maltratos de diversa índole, y es una válida razón para mantenerse a raya, y considerar que esa forma de reaccionar es la mejor, sin embargo: “El Perdón es una actitud que supone estar dispuesto a aceptar la responsabilidad de las propias percepciones, comprendiendo que son opciones, no hechos subjetivos”. (Pp 42 Casarjian 1994).

Lo anterior invita a pensar en cómo cada ser humano asume lo que le acontece y las emociones ligadas a estos sucesos, y cómo las evalúa, las transforma, las decanta, y para ello es necesario darse cuenta de que tal vez existen pautas que se han quedado en la memoria, que impiden comprender algunos hechos de la vida con claridad: No todas las personas quieren herir, o hacer daño, ni toda la gente es mala, ni tiene el poder para no cometer errores, pensar lo contrario, es un obstáculo para vivir con paz interior.
Cabe aquí usar el verbo ‘rumiar’, para ilustrar lo que hacen las personas con estos pensamientos, rumiar y rumiar, nada hacen distinto, han escogido esta opción y mantienen un discurso ofensivo y defensivo, condenatorio, son comunes en ellas la ansiedad y los altos niveles de estrés, lo que evidencia la falta de cuidado y autocompasión. “Una vez que algo nos lastima, el don de la memoria se convierte en un obstáculo para perdonar” (Pp 11 Smedes 2000).

El Perdón no es un regalo para otros, no es un deber moral, y menos un gesto de superioridad espiritual, es un acto que se realiza para liberarse de las cargas emocionales, Perdonar no tiene que ver con el ofensor, es una acto para sanar, más aún en los procesos de Duelo en los cuales, los Dolientes realizan los ritos de Perdón de manera simbólica con los seres queridos que han partido definitivamente, allí no hay respuestas, no hay miradas a los ojos de la otra persona, no hay abrazos. A veces hay llanto, y poco a poco, paso a paso va llegando la satisfacción de sentirse libre de las ataduras que producen la rabia, la culpa o el deseo de venganza.

*“Yo no sabía qué me dolía más, la ira o la muerte, estaba confusa, cansada, indignada, más conmigo misma, siempre creí que iba a tener el tiempo para decir todo lo que tenía guardado, mis miedos por el maltrato y los abusos, por el silencio, por cómo se ha jodido mi vida, pero mire, llegó este infarto, y esta muerte y aquí estoy yo, diciéndole a una desconocida, lo que tendría que haberle dicho a ese señor, que era mi padre”.

En ocasiones se piensa de manera equivocada que se cuenta con mucho tiempo para hacer las cosas que se tienen pendientes, como expresar el dolor y las emociones que perturban, o quizás dar las gracias por el amor recibido, abrazar, acariciar, cuidar, dar amor y también realizar las tareas de Perdón, sin embargo frente al mañana siempre hay incertidumbre, no hay certezas y a pesar de ello, muchos son los asuntos pendientes que se quedan sin hacer, cuando la muerte llega y se termina efectuando de manera simbólica y terapéutica a través de rituales, lo que no se hizo cuando los seres queridos estaban con vida.

Esta trilogía de Duelo, Dolientes y Perdón, entreteje: la capacidad de darse cuenta, la autoestima, la responsabilidad, el coraje, la fuerza de voluntad, el autocuidado e higiene emocional, el cuidado de la salud física, los deseos de sanar, y las transformaciones en el proyecto de vida, entre otros.

Así mismo es fundamental, saber que se requiere de tiempo y paciencia para lograr los cambios, que éstos no son inmediatos, que no se dan como actos de magia, por el contrario son la consecuencia de usar todos los recursos que se tienen y ponerlos a su favor, para vivir con más armonía en el corazón.

*“Hace tres años murió mi madre, y hace un año comencé a leer sobre el Perdón, y a comprender cómo uno se envenena de fácil a partir de la rabia, los celos, la envidia, hasta me estaba enfermando, me dolían las articulaciones, un día alguien me invitó a una conferencia sobre el Perdón, luego busque libros y después a alguien experto en el tema, y mi vida ha cambiado, me siento livianita y sin esa carga de asuntos pendientes que me estaban atormentando, no ha sido fácil, pero aquí voy, mucho mejor”.

*Testimonios de personas asistentes a seminarios y talleres sobre Duelo y Perdón.
Bibliografía

Casarjian, R. (1994) Perdonar. España. Urano.
Luskin, F. (2002) ¡Perdonar es sanar!. Colombia. Grupo Editorial Norma.
Monbourquette, J. (1992) Cómo perdonar. España. Sal Terrae
Montoya, J. (2008) Pérdida, Aflicción y luto. Colombia. Litoservicios.
Smedes, L. (2000). Perdonar y olvidar. Mexico. Diana.
Tizón, J. (2004) Pérdida, pena, duelo. España. Ediciones Paidós.


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