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ACOMPAÑANDO LOS NIÑOS EN LA DESPEDIDA

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Por: Isabel Cristina Arango Isaza
Sí, los funerales son una despedida, una en la que con frecuencia no queremos que los niños participen, la mayoría de las veces porque los adultos sentimos una necesidad de evitar el dolor a los pequeños y los rituales fúnebres son indudablemente dolorosos, al menos para los adultos.

Los sentimientos difíciles que se viven en un funeral son considerados suficiente argumento para pensar que con los niños ocurre de igual manera, pasando por alto que ellos perciben y piensan de forma diferente de acuerdo con su edad y su nivel de desarrollo.

Estas diferencias no significan que no haya dolor ni sufrimiento, sino que estos son generados por razones distintas, comúnmente por la incertidumbre que genera la poca comprensión que puedan tener de la situación y la pobre o inadecuada información que reciben.

Es tan insoportable la incertidumbre para los niños, que llenan sus vacíos de información con la fantasía que en muchas ocasiones los atemoriza más que la realidad, los rituales que hacemos tras la muerte les ayudan con la verdad, siempre y cuando estemos ahí sin disfrazarla, porque es un mito común pensar que podemos proteger los niños alejándolos de la situación, intentando que no sepan o que no vean.

El entendimiento sobre la muerte y la forma en que los niños la afrontan, depende de su nivel de desarrollo, sin que haya límites exactos solo por la edad, porque las experiencias individuales pueden tener gran influencia. Para saber el significado de la muerte y lo que esta representa es necesario la comprensión de cuatro conceptos sobre ella:

– Universalidad (Todos vamos a morir, todo lo que está vivo morirá)

– Irreversibilidad (Es para siempre, quien ha muerto no regresa a la vida)

– No funcionalidad (El cuerpo deja de funcionar, no hay movimientos, pensamientos, sentidos, ni necesidades)

– Causalidad (Toda muerte tiene una causa, va ligado al concepto de no funcionalidad porque explica la razón de ésta)

Los niños menores de dos años no tienen ningún concepto de muerte y para ellos es concretamente ausencia, la cual les genera inseguridad especialmente cuando hay cambios en sus rutinas.

De los tres a los seis años ya tienen un sentido de pérdida pero la muerte para ellos es un estado temporal por lo que esperan que su ser querido regrese e incluso lo buscan, apenas está en construcción el concepto de no funcionalidad y no comprenden que todos moriremos.

Tienen un pensamiento concreto por lo que interpretan de forma literal lo que se les dice (se fue, está descansando, Dios se lo llevó, está dormido, es un angelito en el cielo, siempre te va a acompañar).

Para los niños de seis a diez años es más claro el concepto de no funcionamiento del cuerpo y saben que la muerte es definitiva, temen que puedan morir sus padres pero aún no comprenden que pueda sucederle a ellos, piensan que la muerte es selectiva.

Los mayores de 10 años comprenden el significado de la muerte con todos sus conceptos por lo que tienen mayor consciencia sobre los cambios que ésta trae, familiares, económicos, sociales y de roles, por esto se conectan más con las emociones que genera el ritual; es importante evitar decirles frases que los carguen con responsabilidades que no les corresponden (ya eres el hombre de la casa, tienes que ser el apoyo de tu familia).

Estos niveles de entendimiento de la muerte nos permiten identificar no sólo las diferentes reacciones que tienen los niños ante la pérdida, sino conocer cuáles pueden ser sus principales interrogantes y dan luces sobre lo que necesitan para sentirse más tranquilos.

Los rituales fúnebres ofrecen a los niños herramientas que facilitan este entendimiento de los conceptos de la muerte siempre y cuando cuenten con una buena orientación que incluya honestidad, claridad y sencillez en la información, y para esto los adultos tenemos que lidiar con la angustia que nos genera la pérdida y la comunicación con los pequeños. Aunque los funerales están diseñados para los adultos, los niños que participan mostrarán lo que para ellos significa la muerte y a través de ellos pueden iniciar o profundizar la comprensión de esta.

Al observar el ser querido fallecido, sin movimiento, sin reacciones, ni expresión, se evidencia la no funcionalidad, sobre todo si evitamos decirles que están dormidos, explicarles la muerte física puede ayudar con las nociones de causalidad y ya que el cuerpo o sus cenizas están presentes, resulta confuso decirles que se ha ido; el destino final apoya el concepto de irreversibilidad por lo que afirmarles que está en el cielo puede llevarlos a pensar que puede regresar o ser visitado.

Es claro que para los adultos es importante la espiritualidad y la continuidad no corpórea de los seres queridos fallecidos pero los niños se pueden confundir, por lo que es útil explicar la muerte inicialmente sólo desde lo biológico.

Para los chicos, los rituales no se limitan únicamente a la comprensión del significado de la muerte, involucrarlos en ellos les permite expresarse, recibir apoyo, validar su relación con el fallecido, honrarlo y comprender que la vida continúa sin él, por eso es que los pequeños tienen igual derecho de participar como cualquier otro miembro de la familia.

Como adultos debemos incitarlos a asistir pero siempre permitiendo que ellos mismos decidan, sobre todo en los mayores de seis años, en los menores de esta edad la decisión es de los padres y el conocimiento que tengan sobre el tema les ayudará a tomarla acertadamente.

Antes de que los niños asistan a los funerales, deben estar informados sobre lo que van a ver, el cofre o la urna, las circunstancias en que estará el fallecido, las actitudes de las personas asistentes incluidas las expresiones normales de llanto y apoyo, los elementos como las flores, las fotografías, las velas u otros objetos, los actos que se realizarán y la duración de éstos y sobre todo deben saber que estarán acompañados por nosotros y que contestaremos sus preguntas.

Muchas veces olvidamos que los niños actúan como niños todo el tiempo, por lo tanto esperar que se comporten como adultos incluso en los funerales es iluso, para los pequeños estos concretamente son espacios donde se reúnen los familiares, los primos, los amigos u otros niños y es una oportunidad para compartir con ellos especialmente a través del juego, también es frecuente que los chicos actúen como si no pasara nada pero es errado pensar que no se afectan sólo porque no lo demuestran como nosotros lo hacemos.

Hay que tener en cuenta la influencia que tenemos en nuestros niños, vale la pena también cuestionarse cómo vivimos cada uno de nosotros los rituales fúnebres para poder comprender lo que mostramos a los chicos, recordemos que ellos no hacen lo que les digamos sino lo que los adultos hagamos, por esto es útil aprender que los sentimientos difíciles no podemos evadirlos ni distraerlos, sino que hay que reconocerlos y enfrentarlos; el fallecimiento de un ser querido no puede vivirse sin al menos cierto grado de angustia y dolor, esto es tan inevitable como la muerte misma.

La mejor manera de apoyar a quien enfrenta la muerte es acompañándola en ese proceso; en el caso de los niños no se trata de que no les duela sino de que cuenten con alguien que los acoja y los oriente porque esto les genera seguridad, los ayuda.

Cuando reconocemos la gran utilidad que tienen los funerales como actos profundamente significativos con un sentido real y simbólico, que permiten comprender el fenómeno del fin de la existencia y abren el camino hacia la adaptación a la ausencia, podemos sentir incluso gratitud por poder participar de ellos.

Sin embargo, no hay que esperar una pérdida, debemos hacer consciencia sobre la cotidianidad en la cual no se analiza sobre el sufrimiento, el fracaso ni la muerte, razón por la cual los niños no están preparados para lo que sea inevitable y doloroso, por eso cuando lo enfrentan, lo hacen con frustración y sin herramientas.

 

Bibliografía: – Kroen W. C. (1996) Cómo ayudar a los niños a afrontar la pérdida de un ser querido.

Un manual para adultos. Barcelona: Ediciones Oniro S.A. – Wolfelt A. D. (2004) A child´s view of grief. A guide for parents, teachers and counselors. Fort Collins, CO: Center for loss and life transition. – Fundación Mario Losantos del Campo. (2011) Explícame que ha pasado.

Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Madrid: Fundación Mario Losantos del Campo.

– Lozano L. M., Chaskel R. El diagnóstico y manejo del duelo en los niños y adolescentes en la práctica pediátrica. Reconocimiento y manejo. Precop SCP. vol. 8, núm. 3, pp 19 – 32 – Torres, D.

Los rituales funerarios como estrategias simbólicas que regulan las relaciones entre las personas y las culturas Sapiens.

Revista Universitaria de Investigación, vol. 7, núm. 2, diciembre, 2006, pp. 107-118. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Caracas, Venezuela – Pérez Z. El duelo en la niñez y la adolescencia. La Crianza Humanizada.

Boletín del grupo de puericultura de la Universidad de Antioquia. Año XVII (2012). núm. 135 – Gerlein C. El lugar del ritual en la elaboración del duelo. Fundación Omega. Bogotá

Isabel Cristina Arango Isaza, MD.

Directora Unidad de Duelo Funeraria San Vicente S.A.

iarango@funerariasanvicente.com

 


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Aprendamos de duelo

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